AMPLIANDO EL CONOCIMIENTO

 

DIFERENECIAS ENTRE DOLOR AGUDO Y DOLOR CRÓNICO

El dolor es una experiencia universal, pero no todos los tipos de dolor son iguales. Comprender la diferencia entre dolor agudo y dolor crónico es fundamental para abordarlo de forma adecuada y mejorar la calidad de vida.

¿Qué es el dolor agudo?

El dolor agudo aparece de forma repentina como consecuencia de una lesión, cirugía o enfermedad puntual. Tiene una duración limitada, generalmente menos de tres meses, y cumple una función protectora y de alarma: nos avisa de que algo no va bien en el cuerpo.

Cuando se trata la causa que lo provoca, el dolor agudo tiende a mejorar o desaparecer.

Podríamos decir que el dolor agudo es un “aviso útil”, diseñado para protegernos antes de que el problema empeore.

Aunque normalmente se asocia al ámbito médico o fisiológico, el dolor agudo también tiene una dimensión psicológica importante. Desde la psicología, se entiende que el dolor no es solo una señal nerviosa, sino una experiencia compleja que involucra la percepción, las emociones, los pensamientos y la conducta.

Dolor dental

¿Qué es el dolor crónico?

El dolor crónico, en cambio, persiste durante más de tres meses, incluso cuando la lesión inicial ya ha sanado. En este caso, el dolor pierde su función de alarma y se convierte en una enfermedad en sí misma.

A menudo, se asocia con ansiedad, depresión, problemas de sueño y fatiga, lo que impacta significativamente en la vida diaria.

El tratamiento del dolor crónico debe ser integral y multidisciplinar. No basta con los fármacos: también es necesario el apoyo psicológico y social para aprender a manejar el dolor y recuperar el bienestar.

En este caso, el dolor deja de ser “útil” y pasa a convertirse en un factor que limita la calidad de vida.

Lumbalgia crónica

EL DOLOR CRÓNICO Y SU IMPACTO EN LA SALUD MENTAL

El dolor incorpora un montón de emociones negativas. En referencia al dolor crónico, las más estudiadas han sido la depresión y la ansiedad. Al igual que la falta de expresar emociones, se asocia a una percepción más intensa del dolor.

Ansiedad y dolor

La ansiedad potencia la percepción del dolor, haciéndolo más intenso y desagradable. Una ansiedad prolongada aumenta la tensión muscular, altera el sistema nervioso autónomo y eleva la sensibilidad a estímulos dolorosos (Truyols, M. M., Pérez, J., Medinas, M. M., Palmer, A., & Sesé, A. (2008). Sección: El papel de la ansiedad en la percepción del dolor crónico).

Depresión y dolor

La depresión es la emoción más vinculada al dolor crónico, con alta prevalencia y una relación constante con este. La depresión complica el tratamiento, reduciendo su efectividad y la colaboración del paciente.

Enfoques teóricos sobre dolor y depresión

  • Psicodinámico: El dolor sin causa orgánica puede ser una manifestación de depresión enmascarada, no siempre reconocida por el paciente.

  • Conductual: El dolor crónico limita actividades placenteras, lo que genera depresión. Factores como la pérdida de funcionalidad, discapacidad y estigmatización social refuerzan el malestar emocional.

  • Cognitivo-conductual: Se destacan creencias negativas comunes en pacientes con dolor y depresión, como:

    • Indefensión frente al dolor.

    • Creencia en daño irreversible.

    • Miedo al movimiento (evitación por temor).

    • Catastrofismo (anticipar lo peor).

Estas distorsiones aumentan el dolor percibido, reducen la autoeficacia y el control percibido.

  • Biológico: Dolor y depresión comparten mecanismos neuroquímicos y genéticos. Se observan alteraciones en neurotransmisores como serotonina, noradrenalina y endorfinas, implicados en la regulación del estado de ánimo y del dolor. También puede haber vulnerabilidad genética compartida en familias con antecedentes depresivos.

EFECTO PLACEBO

- ¿Alguna vez te has sentido mejor después de tomar una pastilla… incluso antes de que pudiera hacer efecto? - Eso, probablemente, fue el efecto placebo en acción.

Desde la psicología, el efecto placebo se entiende como un fenómeno fascinante: una persona experimenta una mejoría real en sus síntomas o en su salud gracias a sus expectativas, creencias o percepciones, y no por la acción directa de un medicamento o tratamiento médico real.

En otras palabras, la mente cree que el cuerpo está sanando, y esa creencia activa procesos psicológicos y biológicos capaces de generar una respuesta positiva.

🧠 ¿Cómo funciona?

Cuando alguien espera sentirse mejor por ejemplo, al tomar una pastilla sin principio activo, su cerebro activa procesos psicológicos y biológicos que liberan endorfinas, dopamina y serotonina.
Estas sustancias están relacionadas con el bienestar, el alivio del dolor y la mejora del estado de ánimo, haciendo que el cuerpo experimente una mejoría real.

🔍 Factores que lo potencian

  • Confianza en el médico o terapeuta

  • Expectativas positivas hacia el tratamiento

  • Experiencias previas y sugestión

💬 Lo que demuestra

El efecto placebo revela que la mente puede influir poderosamente en el cuerpo.
Las creencias, emociones y pensamientos son capaces de modificar procesos fisiológicos reales, mostrando la estrecha relación mente-cuerpo.

🧪 Un ejemplo real

En los años 50, pacientes con angina de pecho mejoraron igual tras una cirugía simulada que tras una real.
Su creencia en la operación bastó para generar una respuesta positiva.

👉 El efecto placebo nos recuerda que sanar no solo depende del cuerpo, sino también de lo que creemos y sentimos.

Efecto placebo

EFECTO NOCEBO 

El efecto nocebo es el “lado oscuro” del efecto placebo. Ocurre cuando un paciente desarrolla síntomas o efectos secundarios simplemente porque cree que van a aparecer, incluso si el tratamiento que recibe no tiene ningún principio activo.

Por ejemplo, en algunos ensayos clínicos, los pacientes que no reciben el medicamento activo pero son informados sobre posibles efectos secundarios, a veces experimentan los mismos síntomas que quienes sí reciben el tratamiento real.

Este fenómeno demuestra que la mente puede influir en el cuerpo no solo para mejorar, sino también para generar malestar, resaltando la importancia de cómo se comunican los tratamientos y los riesgos a los pacientes.

Esquemas sobre el efecto placebo y nocebo


ANALGÉSICOS CONTRA EL DOLOR CRÓNICO 

El dolor crónico afecta hasta a uno de cada cuatro adultos, y a diferencia del agudo, persiste más allá de la lesión o la enfermedad. Al no tener signos externos, el dolor crónico suele ser infravalorado o incluso estigmatizado por el entorno social e, incluso a veces, por profesionales sanitarios. Tradicionalmente los tratamientos han dependido de fármacos muy antiguos (ibuprofeno, aspirina, opioides) que sólo “enmascaran” el dolor.

Según el investigador Robert Caudle, “a diferencia de los tratamientos para la diabetes, el cáncer o la enfermedad cardíaca, las terapias para el dolor no han mejorado realmente en cientos de años. Este enfoque obsoleto ha contribuido a la crisis actual de opioides: el abuso de morfina o fentanilo ha desatado una crisis de salud pública en EE. UU, y en España el consumo de estos analgésicos creció más del 100 % en la última década.


LA FIBROMIALGIA 

La fibromialgia es una enfermedad que, a pesar de haber sido descrita por primera vez en el siglo XIX, sigue siendo un desafío tanto para la medicina como para la psicología. Se trata de un síndrome crónico y complejo, caracterizado principalmente por dolor muscular generalizado, fatiga persistente, problemas de sueño y dificultades cognitivas. Aunque su causa exacta aún no se conoce, se sabe que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales.

Los estudios muestran que la fibromialgia afecta principalmente a mujeres (alrededor del 90% de los casos), con mayor prevalencia entre los 40 y 50 años. En España, se estima que 2 de cada 100 personas viven con este síndrome.

Los síntomas más comunes son:
  • Dolor músculo-esquelético generalizado.
  • Cansancio extremo.
  • Sueño no reparador.
  • Dificultades de concentración o “niebla mental”.
  • Rigidez, ansiedad y alteraciones del estado de ánimo.

Este conjunto de síntomas provoca un impacto profundo en la calidad de vida, afectando el trabajo, la vida familiar y las relaciones sociales.

En la fibromialgia, el sistema nervioso puede mantener activada la señal de dolor incluso cuando no hay una lesión física visible. Factores como el estrés, la ansiedad o los problemas emocionales no resueltos pueden aumentar la percepción del dolor.

Por eso, el abordaje de la fibromialgia debe ser integral: no basta con tratar los síntomas físicos, sino que es necesario incluir un acompañamiento psicológico que ayude a las personas a recuperar su bienestar emocional.

EFECTIVIDAD DE UN PROGRAMA GRUPAL DE TERAPIA COGNITIVO-CONDUCTUAL EN LA FIBROMALGIA 

Un grupo de psicólogos del Instituto de Psicología y Desarrollo Afectivo Sexual de Sevilla, en colaboración con la Asociación de Fibromialgia de Sevilla (AFIBROSE), realizó un estudio con 48 mujeres diagnosticadas de fibromialgia.

Durante 10 semanas, las participantes asistieron a seminarios donde aprendieron a:
  • Comprender su dolor.
  • Practicar técnicas de relajación y respiración.
  • Desarrollar habilidades emocionales y sociales.
  • Incorporar ejercicio físico moderado a su rutina.
📈 Resultados positivos

Tras la intervención, los resultados fueron claros:
  • Disminuyeron los niveles de ansiedad, depresión e intensidad del dolor.
  • Las participantes mejoraron su bienestar emocional y su capacidad para afrontar el dolor.
  • Además, se observó un cambio positivo en su actitud y autoestima
Uno de los hallazgos más interesantes fue el papel de la familia: en muchos casos, los familiares intentaban ayudar fomentando la inactividad, cuando en realidad mantener una vida activa y con apoyo emocional equilibrado resulta más beneficioso.

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